enero 7, 2016
Represas de Santa Cruz: ¿a quiénes les molesta la alianza Argentina-China?
Ni Europa ni Estados Unidos pueden darse el lujo de volver a perder América del Sur.

 

Adivina adivinador: ¿a quiénes les molesta la alianza estratégica integral entre Argentina y China?

Es conocido el importante y creciente ingreso de China a América Latina. Sin embargo, los montos de las inversiones comprometidas en nuestro país y las obras involucradas (energéticas, nucleares, estaciones terrenas, etc.) están muy por encima de lo sucedido en el resto de los países de la región.

Como fuera mencionado antes, la alianza sino-argentina debe llegar a su fin, o al menos, abandonar la línea con la que se venía avanzando. El giro político y geopolítico regional e internacional de la administración macrista es de 180°.

El Plan Belgrano y las negociaciones del gobierno con la Unión Europea, con el bloque de la Alianza del Pacífico y con los miembros del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica se propone reinsertarnos en el «mundo» otra vez como eternos proveedores de materias primas, reprimarizando nuestras exportaciones.

En esta estrategia geopolítica regional y global, ni el Presidente de la Nación ni el Presidente de la Sociedad Rural pinchan ni cortan. Acá es EE.UU. el que dirige la batuta, imponiéndole a la administración de turno regresar al país chico y a las viejas relaciones internacionales que tanto daño produjeron a nuestro pueblo, a nuestras provincias, al sector industrial, al mercado interno, a las economías regionales, a una ciencia y tecnología soberanas y pueblocéntricas.

El diario La Nación, fiel exponente del conservadurismo doméstico, dispara contra una obra emblemática de la alianza estratégica entre nuestro país y la potencia mundial asiática; es consciente que si cae la primera cae la segunda. Le importa un rábano mentir, tergiversar y quedar en ridículo con tal de cumplir el supremo mandamiento. Electroingeniería y los chinos constituyen un perjuicio y una afrenta nacional. No recibieron igual trato la empresa Impregilo en relación a las obras de Yacyretá. Igual con Siemens que nos plantó en Atucha II como consecuencia de la decisión del gobierno alemán de cerrar su programa nuclear. De hecho, leyendo a La Nación daba la impresión que era más grave terminar la obra y poner en marcha nuestra tercera central nuclear que el increíble comportamiento abandónico de la firma germana y su inseguridad jurídica.

El problema es China, sus yuanes, sus inversiones, su «win-win» y el desplazamiento que provocaron a las empresas, industrias y financieras estadounidenses y europeas. Pero ni Europa ni Estados Unidos pueden darse el lujo de volver a perder América del Sur. Minar el principal punto de apoyo así como removerle a China el aliado cualitativamente más importante jamás conseguido en esta parte del mundo -la Argentina del Bicentenario- son objetivos determinantes de la estrategia imperial y neocolonialista en este siglo XXI que recién despunta.

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