mayo 18, 2008
Discurso de CFK en la Cumbre del MERCOSUR – UE 2008
La Presidenta en la cumbre del Mercosur y la Unión Europea, el 18 de mayo de 2008 en Lima, Perú
Cristina y Chavez

 

Discurso de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner en la Cumbre del MERCOSUR y la UE 17 de mayo de 2008, Lima.

 

PRIMERA INTERVENCIÓN

…tuvimos la oportunidad de participar todos en mesas donde hablamos de desigualdad, de pobreza, de inequidad. Creo que todos convinimos que nuestra región, América latina, es un continente empobrecido que además está castigado por la inequidad.

Hemos hecho todos infinidad de discursos en este sentido, en la necesidad de que la integración sea virtuosa. Los procesos de integración, inclusive el propio que se hace de integración europea, lo hace contemplando a unas asimetrías y creo que es importante que en toda política que nosotros tengamos que discutir para el acuerdo, un acuerdo entre la Comunidad Económica Europea y el MERCOSUR, también tenemos que contemplar las asimetrías de desarrollo que tenemos entre ambos espacios. De la misma manera que cuando ustedes se integraron como Comunidad, quienes estaban más favorecidos en la propia Unión Europea, aceptaron normas de integración en favor de que los que tenían asimetrías desfavorables pudieran tener un lugar del cual luego poder realizarse.

Me parece que este concepto de la admisión de las asimetrías, de la admisión de situaciones de inequidad, de pobreza, que inclusive muchas veces ponen en peligro la institucionalidad de los propios países, son temas clave también a la hora de realizar un acuerdo, más allá de las condiciones técnicas o económicas.

Me parece que la primer conceptualización de la posibilidad de este acuerdo y cuáles son los pasos que tenemos que dar para llegar a ese acuerdo, es la comprensión política de las asimetrías existentes entre un espacio y el otro y lo que cada uno está dispuesto a ceder y más que lo que cada uno está dispuesto a ceder, lo que cada uno puede ceder. Porque muchas veces uno puede tener la mejor intención de la integración, pero ceder en determinadas cuestiones no es una cuestión de posesionamiento de dos pesos más o de dos pesos menos o de dos puntos de arancel más o de dos puntos de arancel menos.

Estas posiciones tienen en situaciones y expresiones como la nuestra, millones de personas que por una decisión equivocada quedan con trabajo o sin trabajo, muchas veces con un altísimo nivel de endeudamiento muchos de ellos o con un altísimo nivel de pobreza, de deuda social, no solamente de deuda económica. Me parece que el realismo político que no es la real politic, pero sí es la admisión de situaciones y de relaciones de fuerza y de volumen de economías y de posibilidades, debe ser, me parece el primer escenario, la primera categoría de análisis para poder abordar si es posible o no llegar a un acuerdo. Porque, qué ganamos con sentarnos y que los gobernantes circunstanciales firmemos acuerdos que luego van a terminar produciendo situaciones exclusivas en economías crecientes.

Ayer escuchamos muchísimos discursos, fundamentalmente de los países europeos, contentos y reconociendo el crecimiento que hemos tenido los países emergentes en esta nueva etapa en que se han modificado algunas cuestiones relativas al intercambio comercial histórico que siempre fue en detrimento de nuestra región. Pero lo cierto es que el grado de atraso que tenían nuestras sociedades y nuestras economías, el grado de injusticia y de inequidad que todavía subsisten muchísimo pese a que se ha mejorado en pobreza, pese a que se ha mejorado en indigencia, nos obliga a que cuando tomemos una decisión cada uno pueda calibrar exactamente lo que puede dar y lo que no puede dar y seguramente los que más tienen serán tal vez los que más puedan contribuir al acuerdo, del mismo modo que ha funcionado de esa manera la Unión Europea.

Creo que las reglas de juego deben ser, en estos momentos y siempre que nos sentemos a negociar el acuerdo de integración, estas: la comprensión del volumen de cada sector y las debilidades de cada sector y la fortaleza de cada sector. Esto no significa que quien esté en una situación de debilidad se victimice y a partir de esa victimización quiera lograr un mejor posicionamiento, pero los números en materia de exportación, los números en materia de pobreza, los números en materia de salarios de nuestros trabajadores, los números son contundentes y hablan por sí solos, no es necesario victimizar a nadie.

Lo que es importante es que podamos, con esta comprensión de cuáles son los inconvenientes que encontramos en la discusión que tiene que ver primero, antes que nada, con un ejercicio de comprensión política global, que no significa que va a tener un acuerdo político y otro económico, estoy hablando de otra cosa. Estoy hablando de un abordaje, un acuerdo político y económico, pero que la comprensión de cómo va a funcionar vuelva a ser la mecánica, las categorías con las cuales vamos a organizar. Ayer escuchamos muchísimos discursos fundamentalmente de los países europeos contentos y reconociendo el crecimiento que hemos tenido los países emergentes en esta nueva etapa en que se han modificado algunas cuestiones relativas al intercambio comercial histórico que siempre fue en detrimento de nuestra región. Pero lo cierto es que nuestro grado de atraso que tenían nuestras sociedades y nuestras economías, el grado de injusticia y de inequidad que todavía subsisten muchísimo pese a que se ha mejorado en pobreza, pese a que se ha mejorado en indigencia, nos obliga a que cuando tomemos una decisión cada uno pueda calcular exactamente lo que puede dar y lo que no puede dar y seguramente los que más tienen serán tal vez los que más puedan contribuir al acuerdo, del mismo modo que ha funcionado de esa manera la Unión Europea.

Creo que la regla de juego que debe ser cuando nos sentemos a negociar el acuerdo de integración, tiene que ser esta, la comprensión del volumen de cada sector y las debilidades de cada sector y la fortaleza de cada sector. Esto no significa que quien esté en una situación de debilidad se victimice y a partir de esa victimización quiera lograr un mejor posicionamiento, pero los números en materia de exportación, los números en materia de pobreza, los números en materia de salarios de nuestros trabajadores, los números son contundentes y hablan por sí solos, no es necesario victimizar a nadie.

Lo que es importante es que podamos con esta comprensión de cuáles son los inconvenientes que encontramos en la discusión que tiene que ver primero, antes que nada, con un ejercicio de comprensión política global que no significa que va a tener un acuerdo político económico, estoy hablando de otra cosa. Estoy hablando de un abordaje, un acuerdo político y económico, pero que la comprensión de cómo va a funcionar vuelva a ser la mecánica, las categorías con las cuales vamos a organizar tengan estos parámetros de los que estoy hablando.

Ayer hablaba con la señora Merkel y aquí estoy sentada al lado de economistas y todos coincidíamos en que esto debía ser abordado políticamente, porque se tiene que llegar a una primera conclusión política de qué es lo que necesita cada espacio exactamente. Y yo creo que estamos sí en un momento diferente al que hemos estado en otras oportunidades donde eran tales las asimetrías que era casi impensable ponerse a pensar cualquier tipo de acuerdo.

Creo que el crecimiento de nuestras economías, el hecho de poder ser competitivos para la tercerización de determinadas cuestiones que se dan en Europa, como de hecho lo están haciendo muchísimas empresas europeas viniendo a invertir a otros países, puede ayudar y mucho al proceso de acuerdo. Pero me parece que lo primero es lo primero y quería dejar en claro esta caracterización que tenemos para que la discusión pueda a avanzar por carriles más realistas.

Yo lo que creo es que se necesita eso, un gran realismo y no hay más realismo y mejor realismo que el de los números y de las realidades sociales totalmente diferentes, en algunos casos antagónicas.

Yo escuchaba ayer, por ejemplo, al Premier de Dinamarca hablar de que Dinamarca distribuye el 63 por ciento de la renta y que ha logrado una gran cohesión social.

Yo quisiera que ustedes vieran cada vez que se intenta discutir la renta en nuestros países para hacer sociedades más justas y equitativas, lo que sucede, y sucede no solamente por las clases o los sectores nacionales, también muchas veces empresas extranjeras que participan de esa renta y que tienen un criterio en Europa de esa distribución diferente en nuestra región son las que también ponen el grito en el cielo a quienes plantean cuestiones de inestabilidad institucional muchas veces cuando se pretende tocar el tema de la renta.

Creo que tenemos que tener un solo estanco para la discusión y creo que tenemos que tener fundamentalmente mucha claridad y mucho realismo, porque vemos comportamientos por allí, no me refiero a las autoridades de la Unión Europea, pero yo escuchaba ayer al titular de Dinamarca hablar que distribuyen con mucho orgullo el 63 por ciento de la renta y yo creo que muchas empresas de origen europeo cuando están en nuestros países y pretendemos por ejemplo lograr una renta para una mayor cohesión social y que podamos entonces tener la misma paridad, reaccionan con criterios latinoamericanos y no con criterios europeos.

Entonces, sería bueno que pudiéramos tener un solo estanco de discusión y mucho realismo.

Con esta breve introducción o breve aclaración, podemos seguir charlando.

SEGUNDA INTERVENCIÓN

…pareciera que hubiera una decisión de que no va a haber reducción entre los aranceles, o sea maniqueísmo, o sea como si de un lado sí, porque en realidad, está fuera de discusión, en cualquier negociación, esta o cualquier otra, de cualquier índole, que si alguien reduce de algún lado, del otro también alguien va a tener que reducirlo.

Esto ya excede a la negociación MERCOSUR, Unión Europea, esto pasa hasta cuando uno negocia cambiar bolitas de color o espejitos de color. Cuando uno cambia espejitos de color, también es lo mismo, “vos me das unos espejitos y yo te doy otros”.

Nunca, señor Barroso, hay una negociación en la cual alguien da algo y el otro no da nada y nadie puede plantear lógicamente esto. Por lo cual, el planteo de que pareciera ser que hay algún sector que dice “no va a haber una sola modificación en la política arancelaria industrial pero sí queremos una modificación de las políticas de los productos agrícolas” sería absurdo, porque nadie puede plantear el absurdo de que le den y no dar absolutamente nada.

La discusión está en el cuántum, en qué representa lo que da uno y qué representa lo que da el otro. Y cuando uno analiza qué representa lo que da el uno y qué representa lo que da el otro, es ahí donde deja los criterios de asimetría y de la política. Esta es la diferencia. En ningún momento nadie puede plantear en ninguna negociación, recibir algo y no dar absolutamente nada.

Inclusive yo mantuve una reunión muy interesante con el señor Pascal Lamí en la propia Ginebra el año pasado cuando era ministro, donde planteamos este tema puntual de la negociación de la OMC en estos términos.

Lo que es importante cuando uno negocia es saber qué está entregando uno y qué está entregando el otro. Pero no solamente en un cuántum de punto a punto, sino cuánto le representa eso que entrega una de las partes en cuanto a su volumen, a su tamaño de economía, a su tamaño social y cuánto le representa al otro también entregar eso que puede parecer lo mismo en términos numéricos, pero dadas las asimetrías existentes entre un bloque y el otro bloque, es evidente que no representan lo mismo.

Entonces, creo que este es el punto de análisis. Nadie está planteando “quiero todo y no voy a dar nada”. Lo que estoy planteando es que realmente primero tengamos una conceptualización política de la discusión, si reconocemos las asimetrías, si reconocemos la diferencia y tamaño de los volúmenes y de desarrollo social que cada bloque tiene. Porque si no, estuvimos haciendo este último fin de semana un ejercicio diplomático inútil en el cual estuvimos 24 horas hablando de la inequidad, de la pobreza, de los pobres pero cuando vamos efectivamente a hablar de las políticas para combatir esa pobreza, finalmente terminamos siempre condenando a los países emergentes a más pobreza y a más víctimas.

En definitiva, ¡vamos!, la pobreza aquí, en el continente, no es un efecto climático, no vino como el viento y la lluvia, ahora se agrava con el efecto climático, pero no vino como el viento y la lluvia, vino por un desapoderamiento concreto de recursos que tuvo la región históricamente desde que fue descubierta.

Más allá de los errores de las dirigencias locales, etcétera, etcétera, lo cierto es, volviendo al punto inicial de la historia, que la negociación tiene que ser esto: medir exactamente lo que le pesa a cada uno, lo que entrega, para, entonces, hacer una negociación equilibrada. Porque si yo digo “son tantos puntos de arancelamiento en los precios agrícolas y tantos puntos en los precios industriales”, puede parecer, a simple vista, que es casi la misma cantidad de puntos que estamos haciendo reducción. Pero cuando yo voy al análisis macroeconómico de cómo me impacta eso social y económicamente en mi bloque y voy al análisis de cómo le impacta financiera, económica y socialmente al otro bloque, lo que aparentemente es bis a bis, número a número, parece igual pero los resultados no son iguales.

Entonces, ¿cuál es la demanda concreta y puntual? Sentémonos a negociar en serio pero con esta caracterización, con un equilibrio de lo que se da de un lado y lo que se da del otro, que es lo que le propuse al señor Pascal Lamí. No estamos hablando de ideología ni de…estamos hablando de economía, estamos hablando de números.

O sea, que acá no hay una posición ideológica porque no la tiene que haber, sino, en el marco de lo que venimos charlando desde todos los encuentros de la Unión Europea y en lo que ha sido la reunión que mantuvimos ayer hablando de inequidad, de pobreza, de desigualdad y de cómo se puede ayudar a combatir esto, lo cierto es que no están en la Unión Europea la mayor cantidad de pobres.

Me gustaría que fuera al revés, mejor dicho, me corrijo, me gustaría que no hubiera pobres en ninguna parte, pero lo cierto es que la mayoría de los pobres los tenemos acá, en América latina, en esta reunión que estamos manteniendo y si vemos, en África, desgraciadamente, hay más pobres todavía o en Asia también.

Lo cierto es que en esta reunión que estamos manteniendo, los que estamos teniendo el bloque totalmente asimétrico a la baja, somos nosotros. Entonces, ¿qué queremos?

Vamos a charlar en Doha o en dónde fuera, pero con esta conceptualización. A mí me parece que es importante tener esta comprensión, no es maniqueísmo de decir precios agrícolas y si no, no…Porque no es blanco y negro. Esto es una negociación, sabemos que todos tenemos que entregar algo. Lo importante es medir lo que cada uno entrega para realmente valorizar cómo impacta en la reducción de pobreza, de inequidad, de desigualdad, de cambio climático y de todas las cosas que durante 24 horas estuvimos discutiendo ayer.

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